La procalcitonina, un polipéptido de 116 aminoácidos precursor de la calcitonina, se ha revelado como el biomarcador más sensible de ayuda al diagnóstico de la sepsis bacteriana. Sintetizada fundamentalmente en las células C de la glándula tiroides, y en menor medida en el tejido neuroendocrino de otros órganos como los pulmones y el intestino, la procalcitonina está presente en la sangre normalmente en niveles muy bajos.
Sin embargo, su producción puede ser estimulada por las citocinas inflamatorias y las endotoxinas bacterianas, causando la liberación de mayores cantidades de procalcitonina en respuesta a una infección, y en particular a infecciones bacterianas sistémicas.
Por tanto, los niveles de procalcitonina pueden servir como biomarcador de respuesta inflamatoria, proporcionando un indicador de riesgo de sepsis: cuanto mayor sea el nivel de PCT, mayor será la probabilidad de que exista infección sistémica y sepsis [1].
Adaptado de Harbarth S et al. Am J Respir Crit Care Med 2001, 164: 396-402
Dada su alta sensibilidad ante la mayoría de tipos de infecciones [2], la procalcitonina es ampliamente considerada como el biomarcador más sensible para ayudar a diagnosticar (o descartar) una sepsis bacteriana, con un valor predictivo negativo superior al 95 % [2, 3]. Las directrices globales recomiendan también su uso como herramienta para optimizar el tratamiento antibiótico.
En comparación con la proteína C reactiva (CRP), otro biomarcador utilizado frecuentemente para ayuda al diagnóstico de la sepsis, la procalcitonina tiene una semivida más corta y el incremento de sus niveles se produce antes en caso de una infección bacteriana [4, 5].
Estas cinéticas favorables permiten potencialmente establecer un diagnóstico más temprano de la sepsis y monitorizar mejor su progresión.

Adaptado de Kumar Meisner et al., Crit Care 1999, 3:45-50
Cuando los niveles de procalcitonina están elevados y hay sospecha de sepsis pero no está confirmada, debería considerarse un tratamiento antibiótico tras realizar un análisis de sangre para identificar la presencia de microorganismos transmitidos por la sangre. Eso implica normalmente la realización de un cultivo sanguíneo, un procedimiento que puede llevar varios días y que a menudo no refleja la inflamación sistémica o el inicio de fallo orgánico [6].
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